viernes, 15 de junio de 2012

Asesino de sueños (Cap II)



            Al salir del edificio, luego de "hacerle el favor" a la Señora Arrechavaleta empiezo a trotar y lo primero que veo esa Anna paseando a su perro en la distancia, inmediatamente crucé la calle y bajé la intensidad del trote para que no me ladrara ese perro infernal.

            Son las nueve de la mañana ya, voy a mi casa, para bañarme e irme al trabajo. Estando cerca del edificio, me encuentro nuevamente con Anna, ella me ve y sonríe tímidamente, pero yo sigo de largo y comienzo a subir las escaleras, por el perro. Llego a mi piso sin problemas, pero al mismo tiempo sale del ascensor mi ardiente vecina… con su maldito perro, camino frente a ella sin verla, pero Black no hizo se mantuvo quieto, y se lanzó contra mí mordiéndome la pierna derecha, y yo, tirado en el piso tratando de quitarme al maldito sin tener que patearlo Anna decía:
            —¡Black, déjalo! —y lo jalaba hacia ella, agarrándolo desde delante de sus patas traseras, pero mientras más fuerza usaba para jalarlo hacia ella, más se encajaban sus dientes, y la muy idiota no parecía darse cuenta. Todos mis vecinos escuchan mis gritos de niñita pidiendo auxilio y sólo uno sale a mi rescate, Álvaro, del piso ocho, quien para mi fortuna es veterinario tomó por el collar al maldito animal y me soltó, como por arte de magia. Álvaro es gay y en algunas ocasiones noté que me miraba con cierta insinuación, pero creo que saldré con él algún día en agradecimiento. Anna se llevó al perro al apartamento a la velocidad de un rayo.
            —Gracias Álvaro, te debo la vida —dije mientras me paraba, apenas afincando la pierna que tenía mordida.
            —No tienes que exagerar tanto —dijo entre risas el maricón ese—, pasa un momento a mi casa para desinfectar la herida.
            —¿Puedo hacerlo yo? Me siento culpable por lo que le hizo mi pequeño —dijo Anna saliendo de su aposento.
            —Está bien, pasen…
            —Mejor vamos a la mía, quiero moverme lo menos posible —dije para no entrar a su casa gay, seguramente repleta de rosado y peluches de Hello Kitty.

            Anna fue al apartamento de Álvaro a buscar lo que sea que me iban a poner. Yo mientras tanto, fui al mío dejando la puerta abierta y me acosté en el sofá a esperar. Cuando llegaron, Anna vino con una inyectadora y muy gentilmente me colocó la inyección en la pierna.
            —Ya está listo, lamento mucho lo que hizo Blaqui, es la primera vez que muerde a alguien sin mi permiso—dijo esto y se fue, cerrando la puerta y la reja de mi morada. Me quedé pensando en lo último que dijo: «—Sin mi permiso» ¿Entrenó al perro para que mordiera a los demás? ¡Maldita! Por eso me muerde a mí. Seguro lo entrenaste diciéndole: «—Muerde a los que me miran los senos indecentemente y se le pare el pene» Perra... espero tener sexo contigo como recompensa. 

            Me hubiese gustado que se quedara un poco más, pero verla caminar es toda una dicha para mis ojos. Luego de descansar un par de minutos, me dirijo a mi cuarto, tomo mi celular y llamo a mi jefe.
            —¿Aló?
            —Buenos días, oficina del señor Domínguez ¿En qué puedo ayudarle?
            —María, soy yo, Gustavo ¿Podría hablar con el jefe un momento?
            —¡Ah! Hola Gusti, ahorita está ocupado con los del servicio técnico. Cuando se desocupe le digo que te llame ¿De acuerdo?
            —¿Podrías darle un recado?
            —Sí, claro, dime.
            —Me acaba de morder un perro y tengo que ir al hospital a que me inyecten algo, me preguntaba si me podía dar el día de hoy, después de todo trabajaremos media jornada.
            —Pobrecito ¿Estás bien? ¿Dónde te mordió?         
            —En la mano, me clavó los colmillos debajo del pulgar, por eso necesito ir al médico.
            —Que mala suerte ¿Fue el perro de tu vecina? Ese que siempre dices que te ladra.
            —Sí, ese mismo fue ¿Podrías preguntarle por favor?
            —Sí claro, dame cinco minutos y lego te llamo ¿Vale?
            —Ok.

            Me duele haberle mentido a María, pero no podía hacer nada, si digo que me mordieron en la pierna mi jefe diría algo como: «—Tú no usas tus piernas para transcribir documentos, te quiero aquí en diez minutos... bueno, veinte, seguro te cuesta caminar» probablemente. Mientras espero, suena mi timbre, repetidamente, caminaba cojeando y tardé un poco en llegar a la puerta, mientras más sonaba más me molestaba, para cuando abro la puerta y antes de insultarlo, veo que es mi amigo Adán, la persona que me trae el néctar que me hace olvidar todas y cada unas de mis penurias. Rápidamente me dio a través de la reja una botella mediana con mi néctar verde adentro... y sin decir una palabra más, se fue. Luego me acuesto en mi cama y abro la botella... el líquido fluorescente empezó a correr por mis venas al ser inyectado por mí. Pronto, todo comenzó a dar vueltas y me quedo dormido. Nuevamente me encuentro en ese espacio blanquecino, miro a todos lados, buscando a la mujer que me saludó en el anterior sueño, pero no la encuentro, cuando desisto, oigo a la misma voz de antes:
            —¿Te encuentras bien? —preguntó con gentileza, volteé a verla pero en ese instante… sonó mi celular y desperté.
            —El jefe dice que como aún no son las once, te da tiempo de ir al médico, te dará hasta la una treinta para que llegues, de lo contrario te despedirá —dice María.
            —¿En serio?  
            —Sí, lo siento, es que supuestamente con la revisión de las máquinas se atrasó un montón de trabajo y no puede darte el día libre.
            —Está bien, no importa, estaré allí puntual… como siempre —entonces colgué la llamada.
            La mujer de mis sueños apareció nuevamente, y tampoco la pude ver en esta ocasión… la tercera será la vencida. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario