domingo, 30 de diciembre de 2012

2012

2012, un año que poco recordaré, puesto que no hubieron muchas cosas buenas para mí, sino todo lo contrario. Conocí personas, el trato perdido con otras volvió, y algunas simplemente comenzaron a formar parte de mi pasado, del 2012.

A 1 día de terminar el año, no me siento emocionado por empezar otro, pues no creo quen este suceda algo que cambie mi vida de alguna manera. Algunos dirán: "Claro, con ese pesimismo nada vas a conseguir", y puede que tengan razón, soy muy pesimista, pero es que simplemente me cansé desperar, esperar una llamada de alguien que sólo quiera saber de mí, de una oferta de trabajo en alguno de los tantos lugares que dejé mi curriculum, desperar un mensaje della, desperar queste blog no sólo lo lean 5 o 6 personas por entrada, desperar algo de las personas, desperar, esperar y esperar. 

Siempre he sido de las personas que dicen: "Si quieres algo búscalo por ti mismo sin excusas", pero mempecé a dar cuente de que la vida se trata más desperar cosas, el vídeo de tu canal favorito de youtube, desperar a la comida, esperar la quincena, y muchas otras cosas más. 

No espero nada del año que viene porque al parecer, por muchas cosas que haga, por mucho que mesfuerce, mi vida no va a cambiar y seguiré igual que como estoy ahora, esto no es vida, por eso no extrañaré este año. 


Adiós 2012, año en quel mundo debió acabar y no lo hizo. 
Hasta nunca.

jueves, 20 de diciembre de 2012

Moriremos todos


El supuesto fin del mundo es mañana, sinceramente a mí me vale verga, pero hay que hablar del tema porque está de moda.




Desde tiempos inmemorables, se ha hablado del fin del mundo, han habido ciertos profetas, como Moises o Noé que, en su tiempo alertaron a la humanidad de calamidades catastróficas, especialmente con Noé, en su caso fue completamente un reinicio para la humanidad, claro, suponiendo que todo eso haya ocurrido de verdad. 

Tal día como hoy, no creemos tanto en adivinos o profetas, sólo unos pocos se dejan llevar por esas cosas tan poco científicas e improbables, pero para todo en el mundo hay una excepción, en esta, los mayas. Como sabemos "La civilización maya habitó una gran parte de la región denominada Mesoamérica, en los territorios actuales de Guatemala, Belice, Honduras, El Salvador y en el comprendido por cinco estados del sureste de México: Campeche, Chiapas, Quintana Roo, Tabasco y Yucatán, con una historia de aproximadamente 3000 años". Wikipedia. 

También, son los encargados de sembrar el miedo y el pánico en nuestra actualidad, ya que muchos creen que finalizará el mundo sólo porque a ellos les dio flojera continuar con un calendario que ellos ya no podrían apreciar, o probablemente se les acabó el material con el que los hacían, o al esclavo que hacía el calendario se le fracturó la muñeca, ¿qué se yo?. El caso es que, aprovechándose de esta posible profecía, muchos la difundieron por internet y comenzaron a vender productos para "salvarnos del fin del mundo". Edificios bajo tierra extremadamente lujosos, casas en las montañas más altas, un poco menos lujosas, pero igual de ridículo, y muchas otras cosas más, como trajes contra ondas solares o algo así. Digo que son ridículas, porque en primer lugar, no tenemos claro el cómo del fin del mundo, tal vez sea un terremoto, un tsunami, tal vez llueva durante una semana sin descanso, el sol explote y nos jodamos, en fin, cualquiera que sea el caso, si llega a ser un "fin" es imposible que nos salvemos. Ay sí, el sol explotó, destruyó la Tierra pero el edificio subterráneo en el que yo vivía quedó milagrosamente a salvo y ahora estamos flotando en el espacio, luego vinieron unos extraterrestes, nos llevaron a su planeta, procreamos una raza perfecta de humano-alienígena y vivimos felices por siempre. Eso es ridículo. Cuando estemos en el 23 de diciembre, sólo habrá más gente millonaria, y más gente pobre que gastó el poco dinero que tienen en algo que los podría salvar de un hecho que no ocurrió, sólo se quedarían con una casa de verano poseedora de una excelente vista al núcleo de la Tierra o trajes que usarán para jugar a los astronautas cuando estén aburridos.



Según la primera información que tuve del fin del mundo, nos pondremos en el centro del universo o algo así, y tendremos 72 horas de oscuridad en la que cualquier cosa eléctrica deje de funcionar, otra dice que viviremos en oscuridad por más tiempo, casi eterna, provocando así, una era del hielo. Luego, seguí viendo vainas que se salían del tema: según, las olimpiadas pasadas serían un ritual para que un príncipe, creo que el de Inglaterra fuera coronado como el rey del mundo. Continué viendo vídeos, y algunos otros relacionados al día de mañana decían que habrán cambios, aunque algunos exageraban diciendo que volaremos, correremos a grandes velocidades, nadaremos como peces y cosas así. Confió un poco más en esta última teoría, el fin del mundo es algo un tanto absurdo, si ha de pasar algo, sería un cambio, tal vez mutemos, nos hagamos más altos, inteligentes, rápidos o incluso volemos, como mencioné anteriormente, pero es algo que no sabemos, y por lo que debemos esperar. 

En las películas de ficción, cerca del clímax, pasa algo que amenaza con la vida de pueblos, ciudades, países e incluso el mundo, como es ficción siempre habrá un héroe, un batman, un superman, un ironman, un hulk, un thor, un lo que sea que termine por salvaguardar a las personas comunes, a los tú y los yo. Lamentablemente, lo que más se puede acerar a esos héroes que admiramos incansablemente y con los que alguna vez soñamos ser, son esos líderes que nosotros elegimos, y ellos sólo harán sus maletas, se montarán en un cohete y se irán a Marte, abandonándonos, para ver como nosotros, los que los elegimos, la gente "común", nos vamos a la mierda. 

Lo que yo creo es que habrá gente tan cagada que se suicidarán miles, tal vez millones ese día, y eso provocará algún tipo de cambio político en el mundo. En caso de que pase algo, ni el mismo Dios podría salvarnos, pues él, sería el responsable de nuestro fin y en cualquier caso, lo entiendo ¿Para qué querría yo millones de hormigas que no me obedecen?.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

I'm back, beibi

¡Vaya! Sí que tenía abandonado este blog, creo que lo retomaré haciendo algunos cambios en el contenido, pero hoy, haré un post un poco más personal, cosa que no me gusta mucho, pero soy un lunático después de todo.

Comenzaré con el motivo de mi regreso, la razón por la que todos los hombres vivimos: una mujer. 

Una hermosa chica que lleva tatuado su nombre en más de uno de mis post, tweets y estados de facebook, con la que había perdido todo tipo de contacto hasta hace no mucho. A decir verdad, pensé que era una especie de fantasma, pues mucha gente, en ese momento, estaba reapareciendo en mi vida, algunos por casualidad, otros por causalidad. Luego de una corta, pero no aburrida charla, me di cuenta de que me alegraba su regreso, en verdad me alegraba y, de hecho, me alegra verla entre mis contactos cada día. 

Hablo de esta dulce señorita porque es la razón por la que decidí retomar este blog abandonado que unos muy pocos leen; y entre esos pocos... tú. Aún durante el tiempo en que no nos hablamos, ella seguía visitando este sitio decadente cada que yo publicaba algo, y muy seguramente, leerá esto sin que yo le de algún tipo de señal. En fin, una noche (la de ayer si estás leyendo esto el día en que fue publicado), por neta casualidad, descubrí que me había dedicado un post en su blog, el cual, orgullosamente digo que tiene gracias a mí. Tal vez no fue casualidad, tal vez ella quería desde lo más hondo y profundo de su ser, que yo leyera aquellas tan conmovedoras palabras que reflejaban sus sentimientos más puros e inocentes, y lo leí, lo leí y lo releí hasta el cansancio (por decirlo de alguna manera, pues no me canso de leerlo). Esa confesión (porque para mí lo fue), me puso al tanto de muchísimas cosas que desconocía, de lo que sintió el último día que nos vimos, de la influencia que tuve sobre ella sin darme cuenta, algunas otras cursilerías que no mencionaré, y finalmente de un talento que yo no había percibido en mí. Olvidé lo que iba a escribir a continuación... En todo caso, su post me motivó a escribir de nuevo, a escribir aquí, así que me estarán leyendo bastante seguido... hasta el 21 de diciembre, día en el que moriremos todos por blasfemes. 


miércoles, 5 de septiembre de 2012

La historia de María

Esta es la historia de María. En esta historia hay cinco personajes: María, el barquero, Pedro, José y un loco.

María, Pedro y José son amigos desde la infancia; con anterioridad, Pedro quiso casarse con María, pero ella está viviendo con José. 
Un día, José salió para su trabajo. María se sintió enferma. Salió de la casa, pasó el puente que cruza el río y llegó a la casa de Pedro. Le pidió ayuda. Pedro le dijo: "Si te quedas conmigo, no sólo la ayuda que ahora necesitas tendrás, sino que serás dueña de todos mis bienes". 
María salió de la casa de Pedro. Cuando quiso volver a cruzar el río, el puente se había caído. Encontró a un barquero. Le pidió que la pasara a la otra orilla. El barquero le dijo: "Si tienes con qué pagarme, te pasaré".
María no tenía dinero. Bordeó el río para ver si podía cruzar, y en un recodo del camino un loco la mató. 

¿Quién es el culpable de la muerte de María?
Cada uno de los personajes representa un valor: el trabajo, la fidelidad, el amor, el dinero y aquello que llamamos “destino”.
¿Quién es el culpable de la muerte de María?


Fuente: Libro “La carta a García” (Págs: 158-159)
          

miércoles, 15 de agosto de 2012

Asesino de sueños (Final)


            Después de matar a los dos ladrones que me robaron en la mañana, el timbre de mi casa sonó, ya era de noche, pero no sabía que hora era, me levanté para abrir la puerta, y cuando lo hago, me encontré con Anna, me apresuré en abrir la reja también y hacerla pasar.
            —Disculpa que no haya pasado por tu casa, pero hoy no he tenido un buen día —dije mientras cerraba solamente la puerta y le señalaba el sofá para que tomara asiento.
            —No te preocupes, ya me siento mejor —hubo un prolongado silencio, casi sepulcral, que aproveché para sentarme en el sofá junto a ella—. Sé que tienes trabajo y que no te caía muy bien, pero mañana en la tarde, cerca de las cinco, enterraré a Black y quería saber si podía contar contigo… tu asistencia, quiero decir —finalizó un poco ruborizada.
            —Claro que voy a estar ahí, por mi trabajo no te preocupes, ya no tengo —le dije tomándole la mano.
            —¿Cómo que no? —preguntó sorprendida —Tienes los ojos muy rojos, ¿estás bien? —ella no tenía idea de lo que yo hacía en ocasiones, la razón de mis ojos rojos…
            —Sí, estoy bien, no te preocupes. Pues a eso me refería con mal día, me despidieron hoy… y después de eso —puse la mano en mi pecho, y me sorprendí al sentir el sobre con mi liquidación.
            —¿Después de eso qué? —preguntó al notar mi expresión de sorpresa, aunque traté de disimularlo tanto como pude.
            —Pues me vine para acá, a descansar, pensar un poco sobre lo que haría, pero finalmente me quedé dormido —respondí volviendo en mí.
            —¿Entonces te desperté? Lo siento, no sabía que… —se levantó muy rápido y en respuesta le tomé la mano sin pensar, entonces la jalé, tumbándola hacía mí, quedando nuestras caras a un par de centímetros la una de la otra, nos miramos fijamente, nuestros rostros comenzaron a acercarse hasta el punto en que nuestros labios casi se tocaban… pero ella se levantó antes de hacer contacto, luego salió cerrando la puerta del apartamento con gran fuerza.
            Pasaron varias horas en las que sólo había estado acostado en el sofá, esperando dormirme de nuevo, si lo que hacía en mis sueños se volvía realidad… quería hacer lo que he estado haciendo involuntariamente, esta vez a mi jefe y por mi voluntad… quería matarlo.
            Finalmente me quedé dormido, y justo como lo quería, me encontré en la oficina de mi jefe, donde a veces se quedaba durmiendo. Para mi fortuna, allí estaba, en su escritorio, sacando cuentas. Me acerqué a él, me puse a sus espaldas, le di vuelta a su silla y comencé a ahorcarlo. Sus ojos casi desorbitados estaban llenos de confusión, no entendía quién o qué lo estaba asfixiando, entonces pensé con todas mis fuerzas cuanto me gustaría que me viese en estos momentos, que viese a los ojos a la persona que despidió el día de su cumpleaños. 
            Cuando pensé eso, mi piel dejó de ser invisible para sus ojos y él trató de soltarse con más y más fuerzas, hasta que, estiró sus manos por el escritorio tratando de tomar algo que le ayudara a defenderse… tomó unas tijeras y las clavó en mi brazo izquierdo. Adolorido, lo solté y me eché para atrás; mientras sacaba las tijeras y las tiraba a una esquina, él intentó salir por la puerta pero la cerradura no cedía gracias a mis fuertes pensamientos. Se tiró en una esquina, sosteniendo las tijeras, apuntándome con ellas con sus manos temblorosas, llenas de temor. Me acerqué despacio… y me hice invisible a sus ojos, él comenzó a moverse de un lado a otro, agitando su mano, tratando de apuñalarme, pero no lo lograba, le tomé la mano con la que sostenía su arma y aparecí inclinado frente a él, con un bolígrafo en la mano.
            —Esto es por todo lo que me has hecho —dije antes de encajarle el bolígrafo en la cabeza con todas mis fuerzas.
            El día siguiente, me levanté poco más tarde del medio día, pero me sentía más feliz que nunca, todas las personas y animales, que me han fastidiado ya no estaban en este mundo, si el sueño de anoche fue como los otros tres, entonces el jefe estará en la morgue a esta hora. Al levantarme del sofá escuché que tocaban la puerta con mucha fuerza, me apresuro en ir a ver quién es a través del ojo mágico, eran tres policías, acompañados de María, también pude ver que mis vecinos del piso estaban detrás de ellos, incluida Anna.
            —¡Sabemos que estás allí, Gustavo Hernández! ¡Abre la puerta! —exigía el más fornido de los policías—. Eres el principal sospechoso de dos asesinatos, si no abres la puerta la derribaremos —No lo creo, me descubrieron, pensé que esos poderes me cubrirían, pero al parecer no lo hice bien del todo. Sabía que estaba en graves problemas, nunca pensé que podría ir a la cárcel, me dejé llevar completamente por la ira, y anoche, por la sed de venganza. Desesperado, me fui a la cocina, y tomé un cuchillo, el más grande que tenía, luego me devolví a la puerta y dije:
            —Hey, policía ¿De cuales asesinatos se me acusan?
            —Así que está ahí, será mejor que no ponga resistencia.
            —Responde ¿Cuáles son los asesinatos que según ustedes cometí?
            —El primero fue el de los jóvenes Yeison Giménez y Patricio Abreu en el parque. Además el de tu antiguo jefe, Iván Domínguez.
            —¿Y cuáles son las pruebas que tiene para acusarme?
            —¡Deja de jugar, Gustavo! Hay pruebas en tu contra.
            —¡Dime qué pruebas tienen, maldito! —grité exaltado.
            —Encontramos tus huellas en arma dejada con los cuerpos de los chicos. Y hace poco encontramos tus huellas en el lapicero que le clavaste en la cabeza a tu antiguo jefe y en unas tijeras que él sostenía.
            —¡Déjenme hablar con él! —exclamó desesperada Anna abriéndose paso entre los tres policías —¿Gustavo, lo que dicen ellos es verdad? —preguntó con la voz quebrada.
            —Sí, ellos están en lo cierto.
            —¿Por qué lo hiciste? —cada vez se sentía más su tristeza.
            —Mi jefe me había despedido, el mismo día de mi cumpleaños… ¡No pasaba nada si me despedía cualquier otro día! ¿Por qué tenía que ser justo ayer? Y esos chicos… esos chicos me robaron lo que me había dado Iván, sin ese dinero no hubiese podido sobrevivir el resto del mes.
            —Pero aún así… ¿Por qué tuviste que matarlos, Gustavo?
            —No sólo los maté a ellos.
            —¿Qué dices? —preguntó el policía.
            —Así es, asesiné a la señora Arrechavaleta y… también a tu perro, Anna —pude escuchar como comenzó a romper en un llanto inconsolable—. Por muy loco que suene, los asesiné en mis sueños, y cuando despertaba, ellos estaban muertos.
            —¿Qué tonterías dices? ¡Sal de ahí para que te llevemos a la cárcel a cumplir tu sentencia! Contaré hasta tres y si no sales, te sacaremos por la fuerza… ¡Uno!
            —Oficial, no hace falta contar más —abrí la puerta, y vi como María y Anna, estaban abrazando a los otros dos oficiales llorando en sus hombros—. Anna, perdón, pero no pienso cumplir ninguna sentencia, seguiré usando este poder por siempre… porque ahora no despertaré más.
            —¡Qué dices? —preguntó el policía que seguía frente a mi puerta. Yo mostré el cuchillo que tenía en mis manos, todos comienzan a verme alarmados, sabían lo que iba a hacer. Apunté a mi garganta con el y…
            —¡No lo hagas! —gritó Anna, parándose frente a mí, sólo separada por la reja—. ¡Te quiero, Gustavo! Por favor… por favor no lo hagas —dijo llorando. Por un momento pensé en detenerme, pero sus sentimientos no cambiarían nada, preferiría estar en ese espacio blanquecino por siempre, acompañado de esa hermosa mujer a estar el resto de mi vida en una cárcel. Así que, clavé el cuchillo en mi garganta, antes de perder la conciencia y caer, pude ver como el policía que me había estado hablando apartó a Anna de la entrada al apartamento mientras ella lloraba con más sentimiento que antes, María en cambio, parecía sonreír… Yo le caía bien, a veces salíamos a almorzar a algún restaurant, pero siempre estuvo enamorada del jefe, así que posiblemente pensó que merecía terminar como ahora.
            Después de, según yo, morir, terminé en ese espacio donde tanto me había gustado estar, escuché el llanto de una mujer a mis espaldas, me apresuré a voltear en busca de la mujer que lloraba desconsolada. Era esa mujer, la mujer de mis sueños estaba llorando detrás de mí.
            —¿Qué ocurre? —le pregunté agachándome delante de ella.
            —¿Por qué lo hiciste? Dime —preguntó con un hilo de voz.
            —Para estar contigo, me di cuenta de que si moría, podía estar aquí para siempre, contigo, en mis sueños —pero entonces noté que mis piernas se empezaban a desvanecer junto con las de ella.
            —¡Morir no es soñar para siempre! porque al morir... tus sueños dejan de existir —entonces fue cuando me di cuenta de mi error, pero ya era tarde, mi cuerpo ya se había desvanecido por completo.


Fin.

lunes, 30 de julio de 2012

Asesino de sueños (Cap V)


            Lo que leí en ese cartel no lo podía creer, ambos sueños se habían convertido en realidad. La muerte del perro de Anna y la de la señora Mauricia son reales, yo los asesiné. No pude pensar en otra cosa que no fuera eso en el camino a mi trabajo, me senté en mi cubículo aún fuera de mí mismo.
            Después de unos diez minutos de trabajar, llegó mi jefe, con una caja entre sus manos. Se acerca a mí y me dice:
            —Felicitaciones Gustavo —destapó la caja y adentró de ella estaba una torta de chocolate con trozos de melocotón alrededor. Odio el chocolate, pero al menos se esforzó el idiota ese.
            De repente todos se me acercaron y empezaron a cantarme el cumpleaños feliz. Con todo lo que pasó hoy, había olvidado que era mi cumpleaños. Al terminar de cantar, soplé las velas y entonces… el bastardo de mi jefe y otros dos infelices empujaron mi cara contra la maldita torta, llenándome la cara completamente de ella.
            Fui al baño paseándome por todos los pasillos con el rostro lleno de torta, escuchando las risas de todos los bastardos del piso al verme, incluso me encontré con Mikel.
            —Hey, Gustavo, ¿te gustó la torta? No tenías que comértela toda tan rápido, eres un glotón —y rompió en risas, yo sólo le respondí con una risa falsa al infeliz.
            Finalmente me lavé la cara y al salir del baño, me encontré con María.
            —Gusti, el jefe dice que tiene que hablar contigo —dijo un poco apenada, pensé que por el tortazo. Sorprendido, voy a su oficina y veo que hay un sobre blanco en su escritorio, yo me quedo viendo el sobre con curiosidad y él me dice:
            —Es para ti —me dice con mirada seria.
            —¿Qué es? —pregunté algo inquieto.
            —Tu regalo de cumpleaños, mi último regalo para ti.
            —¿A qué se refiere? —pregunté, ahora confundido.
            —Pues… ayer, no hubo tal mantenimiento como te dijo María, mis socios y yo estuvimos conversando y se decidió hacer un recorte de personal, y lamentablemente tú te encuentras entre las personas que tendrán que irse.
            —Pero… ¿Por qué? ¿No nos estaba yendo bien?
            —La verdad es que no, lo siento Gustavo, pero no podemos hacer nada, ese sobre tiene un cheque con tu liquidación, con un buen bono extra en efectivo por ser tu cumpleaños. Espero que la pases bien hoy —resignado, molesto, y con ganas de asesinar a ese maldito, salgo de la oficina guardando el sobre con el dinero en el bolsillo interno de mi chaleco. Me dirijo a mi cubículo con intenciones de recoger mis pocas pertenencias, pero mis ánimos están tan bajos que preferí irme sin hacer nada.
            Al salir del edificio donde, hasta hace pocos minutos trabajaba, quise ir a un parque que estaba a pocas cuadras, para intentar relajarme. Ahí, me senté en un banco y me fijé en que había un par de adolescentes con mal aspecto que se me quedaban mirando fijamente, supuse que por mi mala cara, pero por prevención me fui en seguida a otro lugar del parque. Para mi sorpresa, esos chicos estaban persiguiéndome, obviamente no tenían intenciones de mirar las nubes conmigo y comentar sobre la figura que tienen, o preguntarme qué me pasaba, así que aceleré el paso a la salida del parque.
            Fuera, miré hacia atrás y vi que no me estaban siguiendo más, volteé al frente y ese par me sorprendió.
            —Mira, viejo… dame todo lo que tienes, esto es un quieto —dijo uno, entonces sacó un revolver de su pantalón y yo, por acto de reflejo me eché para atrás, pero quedé completamente arrinconado contra la pared. Su compañero, procedió a meter sus manos por mis bolsillos, tomando mi celular y mi billetera mientras el otro me apuntaba; siguió así hasta que en mi chaleco, consiguió el sobre con mi liquidación. Luego de tomarlo salieron corriendo, y yo caí al piso abatido. Una señora acompañada de quien presumo es su nieto, me preguntó:
            —¿Te robaron? —que pregunta tan estúpida, toda la calle vio cuando me asaltaron y todavía pregunta, sin mencionar que ninguno fue capaz de llamar a la policía o hacer algo. 
            —No, señora, estábamos jugando a policías y ladrones, y esa pistola que tenían era de agua. ¡Claro que me acaban de robar! Pero está bien, ya me las cobraré —dije mientras me levantaba y me iba; la vieja, se quedó mirándome diciendo que era un falta de respeto, como si la estupidez fuera digna de ser respetada. Me detuve queriendo regresar con la anciana para darle un buen par de golpes, para que aprenda lo que es el respeto, pero preferí seguir caminando. Cuando llegué a mi casa, quise ir a ver a Anna, pero de nada me serviría ir a consolarla si yo no tenía ni ánimos para caminar, y sólo quería gastar mis energías en matar a mi jefe… y ahora a esos delincuentes, así que decidí ir a mi casa.
            Afortunadamente, quedaba un poco de ese líquido exquisito que me trajo Adán el otro día, busqué mi jeringa y lo inyecté en mi brazo… sentía como la paz regresaba a mi cuerpo, mientras el mundo comenzaba a moverse a mi alrededor, me quedé dormido.
            Durante mi sueño, aparecí en el parque donde me habían robado, aún estaba un poco mareado por mi néctar, pero supe que estaba frente a los malditos que me asaltaron, ellos estaban contando el dinero de mi liquidación, tenían una gran sonrisa y sus ojos brillaban como si fueran niños recibiendo el mejor regalo en navidad.
            Tanteé al que me había apuntado antes, quería saber si aún conservaba el arma, la encontré, tomé el revolver que tenían, con el que me habían apuntado, él intentó tomarlo pero cuando se dio cuenta de que se estaba moviendo solo dio un gran salto hacia atrás, y su compañero salió corriendo despavorido, no eran tan valientes ahora, entonces, me teletransporté en frente de él, quedó paralizado, temblando del miedo, sólo podía ver un arma flotando. Respiré profundo, preparé el arma y jalé del gatillo. Ahí estaba uno de ellos, el más joven a mi parecer, tirado en el piso, con una herida en la frente que no dejaba de esparcir sangre.
            Su amigo, fue rápidamente a gatas al lado de su compañero, llorando su muerte, aún con el dinero en la mano, lo tomé y lo metí en mi chaleco, él miró la pistola, que estaba apuntando a su entrecejo y luego de un estruendo el cayó sobre su amigo, ahora sólo quedaba el imbécil de mi jefe. 

sábado, 14 de julio de 2012

Asesino de sueños (Cap IV)


            Después de asesinar al perro, dejé su cuerpo inerte y me dirijé a la habitación de mi amada, al entrar aparecí en un cuarto completamente diferente, cuya luz roja, daba la sensación de estar en el infierno a primera impresión. Ahí estaban la señora Arrechavaleta teniendo sexo con un hombre muy joven... no me sorprendió que ella le pagara a un gigoló para satisfacerse, me sorprendió ver el cuerpo desnudo de esa vieja, a mi parecer era muy asqueroso ver un pedazo de carne colgante, senos que casi llegaban a su ombligo moviéndose de arriba a abajo cabalgando al hombre tan apasionadamente, moviéndose como una estrella porno. Aunque admito que me excité un poco al imaginar a Anna moviéndose de esa manera tan lujuriosa, pero seguramente, aquel joven muchacho se estaba arrepintiendo de la vida que terminó escogiendo… a menos que le gusten las veteranas mayores.
         Traté de salir del cuarto de la vieja y volver al apartamento de Anna pero no pude lograrlo, mis manos no podían tocar la manilla... pasaban a través de ella. Tuve que aguantarme todo su acto sexual hasta el final, hasta pensé en masturbarme, admito que la señora se mueve muy bien, incluso hizo cosas que jamás había visto… ni siquiera de la más experimentadas de las prostitutas con las que alguna vez me acosté.
            Cuando terminaron su acto amatorio, la señora abrió la puerta y finalmente pude salir. Antes de regresar con Anna, vi como ella se despedía del muchacho con un beso candente y cuando finalmente él se fue, recordé lo hija de puta que es esta vieja, y, al tenerla tan cerca, siendo invisible a sus ojos no pude reprimir las ganas que tenía de continuar con ella lo que empecé con el perro, pero esta vez con una pequeña travesura. Tomé la sábana de su cama, llena de su sudor y orgasmos, me cubrí con ella y esperé a que saliera del baño para mostrarme, disfruté el grito lleno de desesperación que hizo al verme. Salió corriendo por toda la casa echando gritos, hasta quedar arrinconada, cuando estaba a un par de centímetros de ella, dejó de gritar y de desmayó.
            Al caer, yo aparecí en ese espacio blanquecino que había estado esperando, e inmediatamente escuché esa voz angelical a mis espaldas, ansiaba verla esta ves… y entonces dijo:
         —¿Te sientes mejor? —volteé, y la vi, una hermosa mujer pálida de ojos azules, con un largo vestido blanco hasta por debajo de las rodillas, aunque no tenía cabello, era más hermosa que cualquier otra fémina que haya conocido, incluso más que Anna, quedé inmediatamente enamorado de ella.
         —Sí —respondí farfullando.
            —¿Te duele la pierna? —preguntó acercándose a mí, algo preocupada.
            —No, ya no me duele.
            —Me alegro mucho —sonrió, fue la sonrisa más hermosa que he visto. Entonces desperté.
            Estaba un poco exaltado por esos sueños que tuve, parecían tan reales, pero a la vez, me sentía satisfecho con lo que hice, asesinar a esa vieja maldita y a ese perro. Me levanté de la cama con una gran sonrisa, casi de oreja a oreja, me bañé, desayuné, me vestí y salí para mi trabajo, aún con mi gran sonrisa. Cuando salí, me encontré a Anna en el ascensor, estaba muy triste, casi parecía que iba a romper en llanto en cualquier momento.
            —¿Qué te ocurre, Anna? —ella se abalanza sobre mí inmediatamente y me abraza muy fuerte, yo, un poco excitado la abracé también.
            —Mi perro, Black… está muerto —mi mente quedó en blanco unos segundos por el shock, la sonrisa que tenía desapareció completamente. Mi sueño de alguna forma se había hecho realidad, haber soñado que eso ocurrió me alegró mucho, pero esto es otra cosa, verla destrozada me partía el alma a mí.
            —¿Cómo? —pregunté titubeando.
            —No lo sé, anoche lo dejé en la cocina y cuando desperté parecía como si alguien lo hubiesen golpeado hasta su muerte, fui al veterinario y él me confirmó que murió a patadas —yo quedé atónito, era exactamente la forma en la que yo lo había matado en mi sueño. ¿Acaso no fue sólo un sueño?
            —Déjame acompañarte hasta la puerta de tu apartamento —fui con ella y luego, después de abrir la puerta me abrazó de nuevo, más fuerte que la vez anterior, me estaba costando un poco respirar —Anna, lo siento pero tengo que irme a trabajar, si quieres, cuando llegue vengo y hablamos.
            —Está bien —respondió enjugándose las lágrimas, entonces entró.
            Cuando me monté en el ascensor vi que había un comunicado en el espejo:

SENTIMOS LA PENOSA MUERTE DE LA SRA. ARRECHAVALETA
ESPEREMOS QUE DIOS LA TENGA EN SU GLORIA

lunes, 2 de julio de 2012

Asesino de sueños (Cap III)


            Después de la llamada de María, aproveché el tiempo que me dieron y visité a mi amigo Pedro, un médico excelente, pero lo suficientemente corrupto como para mandar a enyesarme la mano y darme algunos días de reposo, no sin pagarle antes, claro.

            —Hey, Gustavo. ¿Qué haces aquí? —me saludó muy amigablemente, levatándose para estrecharme la mano.

            —¿Recuerdas al perro de Anna? —le dije mientras nos sentábamos.

            —Sí, claro, ¿cómo olvidarlo?

            —Pues me mordió hace rato en la pierna, pero le dije a María, la secretaria de mi jefe, que lo había hecho en la mano, me preguntaba si me podrías ayudar.

            Él me miró a los ojos, los tenía un poco rojos, y, sinceramente, yo lo veía todo turbio, estaba casi ido.

            —Adán te visitó, ¿verdad? —preguntó muy seriamente, sin dejar de mirarme fijamente, incluso sentí ira en sus palabras.

            —Sí —dije un poco apenado.

            —Por favor, vete.

            —¿Por qué? —pregunté sorprendido.

            —No me importa con qué te estás matando, pero no quiero que vengas aquí en ese estado —se levantó—, vete, Gustavo.

            —¿Pero no me ayudarás? Te pagaré muy bien, sabes como soy de generoso contigo —me tuve que levantar, sentí cómo iba a ser golpeado si no lo hacía.

            —No te voy a ayudar, no me importa esta vez cuan generoso seas.

            —De acuerdo, de acuerdo, pero al menos dime a quién pudo acudir.

            —¡Lárgate! —exigió, todos los enfermeros y los pacientes que estaban en el consultorio, e incluso los que estaban afuera habían escuchado ese grito estremecedor. Sólo pude irme sin decir una palabra más, decepcionado, y sin saber a quién acudir.

           
            Regresé a mi casa, aún decepcionado, pensando en cómo, o qué debería hacer para no ir a trabajar, no me quedaba mucho tiempo antes de la una y media ya, entonces se me ocurrió una idea, fui a la cocina y tomé un tenedor trinchador, lo miré fijamente, comencé a sudar… luego miré el piso y me fui al baño, la sangre es muy difícil de quitar. Me metí en la bañera, me había quitado toda la ropa, entonces, después de un gran titubeo mío… clavé sus dos puntas por debajo de mi pulgar izquierdo, inesperadamente no sentí mucho dolor, la droga de Adán sí que tiene un efecto duradero, moví el tenedor dentro de mi mano para abrir la herida y se viera más como una mordida de perro. La sangre me había bañado completamente la cintura. Seguí abriendo la herida hasta que se hizo lo suficientemente grande, comencé a sentir un intenso dolor, grité como nunca lo había hecho, entonces decidí parar. Luego, limpié un poco la herida con alcohol y la vendé yo mismo, me vestí y me fui al trabajo.

            Al llegar, cuando entro al edificio, saludo al guardia de seguridad, Mikel, un hombre moreno con barriga de cervecero, muy atento. A todos nos cae bien, incluso tiene fama de mujeriego, tal vez debería pedirle algún truco para conquistar a Anna.

            —Hola, Mikel.

            —¡Hey Gustavo! ¿Estás bien? ¿Qué te pasó en la pierna? —se había fijado que estaba cojeando un poco al caminar—. Y en la mano… ¿qué estabas haciendo?
            —¡Ah eso! Me mordió el perro de mi vecina

            —María me dijo que te había mordido en la mano… pero no sabía que también te lo había hecho en la pierna —el desdichado rompió en risas y yo comencé a sentirme como idiota.

            —¡Oye! No deberías reírte de las desgracias ajenas… Por cierto, ¿no tienes vendas para ponérmelas en la mano? Esta está roja ya.
            —Por supuesto que no, sólo soy el guardia, no soy el enfermero del edificio.

            —Ah, tienes razón —empecé a caminar, con dirección al ascensor al fondo del pasillo.

            —Oye, Gustavo —llamó Mikel.

            —Sí, dime.

            —¿Te gustan las sorpresas?

            —Eso depende ¿Por qué lo preguntas?

            —No… no es nada —soltó una risa que apenas pudo contener. Sin saber de qué hablaba, continué caminando.

            Al llegar al piso donde hacía mi trabajo, lo primero que hice fue ir a la oficina del jefe, toqué la puerta de su oficina y María dijo:

            —Pasa —así lo hice.

            —¿Está desocupado el jefe?

            —Sí, pero no está en la oficina, salió un momento, no sé a donde.

            —Ah, ok, entonces iré a mi cubículo.

            Al llegar a mi puesto, enciendo mi ordenador. Al iniciar sesión, lo primero en que me fijo fue que la papelera de reciclaje aún tenía documentos, la abro y veo que todos los archivos que había borrado desde la semana antepasada aún estaban ahí. Me parece muy extraño que los de mantenimiento hayan dejado la papelera así, siempre eliminan estos archivos, de hecho, creo que es lo primero que hacen.

            Al finalizar mi jornada laboral de este día, llego a mi casa cansado y un poco más tarde de lo normal porque sigo cojeando. Me tumbo en la cama, la mano me empieza a doler más que en todo el día, decidí inyectarme de nuevo ese líquido celestial que Adán me trajo. La paz, la serenidad volvieron a mí, pero sobre todo, el dolor estaba empezando a desaparecer, calmado inmediatamente me quedé dormido, sin siquiera haberme quitado la ropa o los zapatos.

            Al darme cuenta, aparezco frente a la puerta de Anna y entro a su apartamento traspasando la puerta, como si fuera un fantasma, su perro me ladra y ella sale de su cuarto vestida con un babydoll azul claro, verla así me excitó mucho, pero ella parece no verme y comienza a hablarle a su perro:

            —Blaqui ya cállate, todavía estoy brava contigo por lo que le hiciste a Gustavo, sabes que él me gusta mucho. Métete en la cocina, vas a pasar ahí toda la noche —tomó una tabla de más o menos un metro de largo y le bloqueó la salida al perro.

            Ella se mete a su cuarto, se acuesta sobre su cama y luego de unos minutos se queda dormida, yo me quedé viéndola todo el tiempo, como tonto embelesado. Después de quedarse dormida, escucho los gruñidos del perro provenientes de la cocina, decido acercarme a él y este comienza a mirarme fijamente, gruñendo cada vez más fuerte. Yo sigo molesto con el perro por la mordida que me hizo en la pierna, decido sacar toda mi ira pateando tan fuerte que vuela hasta el otro lado de la cocina, voy hacia él con más ira y continuo pateándolo, pisoteándolo hasta que deja de moverse y chillar… había muerto, maté al maldito perro, lo único que se interponía entre Anna y yo, no podía estar más contento...

viernes, 15 de junio de 2012

Asesino de sueños (Cap II)



            Al salir del edificio, luego de "hacerle el favor" a la Señora Arrechavaleta empiezo a trotar y lo primero que veo esa Anna paseando a su perro en la distancia, inmediatamente crucé la calle y bajé la intensidad del trote para que no me ladrara ese perro infernal.

            Son las nueve de la mañana ya, voy a mi casa, para bañarme e irme al trabajo. Estando cerca del edificio, me encuentro nuevamente con Anna, ella me ve y sonríe tímidamente, pero yo sigo de largo y comienzo a subir las escaleras, por el perro. Llego a mi piso sin problemas, pero al mismo tiempo sale del ascensor mi ardiente vecina… con su maldito perro, camino frente a ella sin verla, pero Black no hizo se mantuvo quieto, y se lanzó contra mí mordiéndome la pierna derecha, y yo, tirado en el piso tratando de quitarme al maldito sin tener que patearlo Anna decía:
            —¡Black, déjalo! —y lo jalaba hacia ella, agarrándolo desde delante de sus patas traseras, pero mientras más fuerza usaba para jalarlo hacia ella, más se encajaban sus dientes, y la muy idiota no parecía darse cuenta. Todos mis vecinos escuchan mis gritos de niñita pidiendo auxilio y sólo uno sale a mi rescate, Álvaro, del piso ocho, quien para mi fortuna es veterinario tomó por el collar al maldito animal y me soltó, como por arte de magia. Álvaro es gay y en algunas ocasiones noté que me miraba con cierta insinuación, pero creo que saldré con él algún día en agradecimiento. Anna se llevó al perro al apartamento a la velocidad de un rayo.
            —Gracias Álvaro, te debo la vida —dije mientras me paraba, apenas afincando la pierna que tenía mordida.
            —No tienes que exagerar tanto —dijo entre risas el maricón ese—, pasa un momento a mi casa para desinfectar la herida.
            —¿Puedo hacerlo yo? Me siento culpable por lo que le hizo mi pequeño —dijo Anna saliendo de su aposento.
            —Está bien, pasen…
            —Mejor vamos a la mía, quiero moverme lo menos posible —dije para no entrar a su casa gay, seguramente repleta de rosado y peluches de Hello Kitty.

            Anna fue al apartamento de Álvaro a buscar lo que sea que me iban a poner. Yo mientras tanto, fui al mío dejando la puerta abierta y me acosté en el sofá a esperar. Cuando llegaron, Anna vino con una inyectadora y muy gentilmente me colocó la inyección en la pierna.
            —Ya está listo, lamento mucho lo que hizo Blaqui, es la primera vez que muerde a alguien sin mi permiso—dijo esto y se fue, cerrando la puerta y la reja de mi morada. Me quedé pensando en lo último que dijo: «—Sin mi permiso» ¿Entrenó al perro para que mordiera a los demás? ¡Maldita! Por eso me muerde a mí. Seguro lo entrenaste diciéndole: «—Muerde a los que me miran los senos indecentemente y se le pare el pene» Perra... espero tener sexo contigo como recompensa. 

            Me hubiese gustado que se quedara un poco más, pero verla caminar es toda una dicha para mis ojos. Luego de descansar un par de minutos, me dirijo a mi cuarto, tomo mi celular y llamo a mi jefe.
            —¿Aló?
            —Buenos días, oficina del señor Domínguez ¿En qué puedo ayudarle?
            —María, soy yo, Gustavo ¿Podría hablar con el jefe un momento?
            —¡Ah! Hola Gusti, ahorita está ocupado con los del servicio técnico. Cuando se desocupe le digo que te llame ¿De acuerdo?
            —¿Podrías darle un recado?
            —Sí, claro, dime.
            —Me acaba de morder un perro y tengo que ir al hospital a que me inyecten algo, me preguntaba si me podía dar el día de hoy, después de todo trabajaremos media jornada.
            —Pobrecito ¿Estás bien? ¿Dónde te mordió?         
            —En la mano, me clavó los colmillos debajo del pulgar, por eso necesito ir al médico.
            —Que mala suerte ¿Fue el perro de tu vecina? Ese que siempre dices que te ladra.
            —Sí, ese mismo fue ¿Podrías preguntarle por favor?
            —Sí claro, dame cinco minutos y lego te llamo ¿Vale?
            —Ok.

            Me duele haberle mentido a María, pero no podía hacer nada, si digo que me mordieron en la pierna mi jefe diría algo como: «—Tú no usas tus piernas para transcribir documentos, te quiero aquí en diez minutos... bueno, veinte, seguro te cuesta caminar» probablemente. Mientras espero, suena mi timbre, repetidamente, caminaba cojeando y tardé un poco en llegar a la puerta, mientras más sonaba más me molestaba, para cuando abro la puerta y antes de insultarlo, veo que es mi amigo Adán, la persona que me trae el néctar que me hace olvidar todas y cada unas de mis penurias. Rápidamente me dio a través de la reja una botella mediana con mi néctar verde adentro... y sin decir una palabra más, se fue. Luego me acuesto en mi cama y abro la botella... el líquido fluorescente empezó a correr por mis venas al ser inyectado por mí. Pronto, todo comenzó a dar vueltas y me quedo dormido. Nuevamente me encuentro en ese espacio blanquecino, miro a todos lados, buscando a la mujer que me saludó en el anterior sueño, pero no la encuentro, cuando desisto, oigo a la misma voz de antes:
            —¿Te encuentras bien? —preguntó con gentileza, volteé a verla pero en ese instante… sonó mi celular y desperté.
            —El jefe dice que como aún no son las once, te da tiempo de ir al médico, te dará hasta la una treinta para que llegues, de lo contrario te despedirá —dice María.
            —¿En serio?  
            —Sí, lo siento, es que supuestamente con la revisión de las máquinas se atrasó un montón de trabajo y no puede darte el día libre.
            —Está bien, no importa, estaré allí puntual… como siempre —entonces colgué la llamada.
            La mujer de mis sueños apareció nuevamente, y tampoco la pude ver en esta ocasión… la tercera será la vencida. 

jueves, 31 de mayo de 2012

Asesino de sueños (Cap I)


Estoy acostado en mi cama, mirando al techo esperando a que mi despertador suene para iniciar mi día, volteo a verlo y éste marca apenas las seis con cincuentaiocho minutos, falta poco, vuelvo a mirar al techo y cierro los ojos lentamente, todo es oscuro, hasta que me veo en un espacio blanco repentinamente, trato de correr hacia algún lugar, pero este espacio parece ser infinito. Me detengo a tomar un respiro, entonces escucho:
—Hola —una voz femenina muy gentil y elegante me saludó desde mis espaldas. Quise voltear, para saber de quién era ese tono angelical. Sin embargo, cuando apenas estaba empezando a girar mi cuello, mi reloj sonó marcando las siente en punto. Me desperté, aún con el pensamiento de aquella mujer que escuché en mi sueño, me levanté de mi cama y me dirigí al baño a cagar. Sentado en la poceta, recordé nuevamente aquel saludo, me quedé un rato pensando en ella; tratando de reconocer esa voz, pero no pude hacerlo.
Al salir del baño; me visto, salgo de mi recamara y me dirijo a la cocina, pasé por la sala y acomodé los cojines del sofá, un sofá rojo que no combinaba en lo absoluto con las paredes verdes de mi apartamento, pero fue un regalo de mi madre fallecida; por lo que tiene un significado especial para mí, tampoco puedo pintar las paredes puesto que mi trabajo de oficinista a tiempo completo me lo impide.
En la cocina, tomo dos rebanadas de pan cuadrado, y los pongo en la tostadora; luego, saco una botella de aceite vegetal de la alacena y lo vierto en el satén que estaba en la estufa desde anoche, mientras que se calienta voy a la nevera a sacar un par de huevos, espero unos segundos y los rompo sobre el sartén, uno tras otro.
Mientras tomo mi jugo de manzana, oigo mi celular sonar desde mi cama, me levanto rápido de la mesa y accidentalmente golpeo el vaso con mi codo, derramando así todo el jugo en la mesa y el piso, me apresuro a buscar un pañuelo para limpiar mientras seguía sonando el teléfono, trataba de limpiar lo más rápido que podía pero el teléfono parecía sonar cada vez más alto y para rematar, alguien comenzó a tocar mi timbre con desespero, me sentía cada vez más encerrado, no sabía si levantarme a contestar, seguir limpiando o ir a ver quién tocaba el timbre de mi apartamento a las siete de la mañana. 
—¡Maldita sea, cállense todos! —grité enojado. El celular al fin dejó de sonar y al parecer la persona que tocaba el timbre salió despavorida al escuchar mi grito. Termino de limpiar y me voy a paso veloz a mi recamara a contestar mi “cuchitril” (como lo llamo yo, pues lo tengo desde hace ya 6 años) que sonaba de nuevo. En la pantalla se veía que la llamada entrante era de mi jefe, quién es una buena persona, pero a veces es tan estresante que me provoca darle una patada en las bolas. Al contestar lo primero que escucho es:
Buenos días, ¿Por qué no contestabas? Bueno, no importa. Había olvidado decirte anoche que hoy empezaremos a trabajar a partir del medio día por la inspección que harán los del servicio técnico. Lamento avisarte en el último minuto, nos vemos en la tarde —entonces colgó.
El muy bastardo no me dejó decir ni una sola palabra, siempre ha sido la clase de persona que no le importa el tiempo de los demás, en estos momentos sólo quisiera desmembrarlo.
Con la rabia de haberme despertado temprano para nada, terminé mi desayuno.  Al finalizar, me dirigí a mi cuarto sin siquiera lavar el plato, tomé el reloj y le puse el despertador a las diez treinta, me acosté en mi cama pero no lograba conciliar el sueño. Encendí la televisión, vi todos los canales uno por uno pero no encontré nada que se me hiciera interesante, ni siquiera los dibujos animados de hoy en día son buenos, comparados con los de mi juventud. Decepcionado, me levanto y me visto con ropa deportiva para salir a trotar, saliendo de mi apartamento me encuentro con mi vecina de en frente; una hermosa hija de portugueses que despertaba mis más bajos instintos carnales, ella estaba saliendo para pasear a su perrito Black, un dóberman que siempre me ladra cuando me ve, quizás siente de alguna forma lo que quiero con su ama. Cuando me empezó a ladrar el maldito perro, Anna se dispuso a meterlo a su apartamento mientras me decía:
—Lamento que siempre te ladre cuando te ve, no sé por qué es así, eres al único que le ladra de esa forma. ¿Hoy no irás a trabajar?
—Sí, pero le están haciendo mantenimiento a las computadoras y terminarán a medio día, mi jefe apenas me avisó hace un momento… es un idiota. —ella se rió un poco, entonces marqué al ascensor, esperándolo, me quedé mirándola fijamente, tratando de desnudarla.
—El ascensor está tardando mucho ¿No lo crees? —dijo al darse cuenta de la forma en cómo la veía.
—Sí, creo que mejor bajaré por las escaleras.
—Hasta luego —me dijo mientras abría la puerta y sacaba a su dóberman.
—Chao —le respondí bajando las escaleras.
Mientras bajaba, me encontré con unos niños en el piso siete, eran los hijos de la pareja Espinoza jugando fútbol en el pasillo, me detuve a pensar en que ellos fueron los que tocaron mi timbre hace rato pero no le di crédito a mis pensamientos, esos niños son unos demonios irresponsables, pero quiero creer que tiene un pequeño ángel en su interior. Esperé a que ellos detuvieran su juego para yo poder pasar, cuando lo hicieron, seguí caminando, entonces sentí un balonazo en mi cabeza, malditos niños mal criados, todo comenzó a moverse en mi cabeza, y la ira que tenía aumentó, pero logré controlarme puesto que sabía que si les decía o hacía algo sus padres irían a mi casa a formarme peos y yo seguramente les haría algo que ameritara una denuncia, así que decidí continuar, no sin antes dedicarles una mirada con todo mi odio. 
Cuando bajé los nueve pisos y salgo del edificio, me encontré a otra vecina, la más amargada de las ancianas, una señora que no podía hablar sin escupir miles de maldiciones, la señora Mauricia Arrechavaleta. Sinceramente, si yo tuviera ese nombre y ese apellido también fuera una persona amargada.
—¿No me vas a abrir la reja de la entrada? Definitivamente ya no hay hombres, en mis tiempos todos los hombres eran unos caballeros de primera, no había hombre que no fuera cortés conmigo —yo fingí no escucharla pero ella continuó hablando—. ¿Entonces? ¿No me vas a abrir la reja? —no tuve más opción que hacerlo a regañadientes... sin siquiera recibir un gracias.