Desgracia Nº5: Recibir un "Te quiero como a un hermano" después de una confesión.
Si hay algo mucho peor que la Frienzone, es la Brotherzone, de esta JAMÁS en tu miserable existencia podrás salir, a menos que ella esté muy ebria y tú muy cachondo, y tal vez, si no se despierta con guturales gritos de espanto, o lágrimas de arrepentimiento, lleguen a tener algo luego de una fogosa noche. El caso es que jode demasiado estar ilusionado cual quinceañero ingenuo, promiscuo e inocente, tomes todo el valor que tus pequeño pantaloncitos de liceo te dejen cargar, te confieses a alguien que siempre te ha demostrado cosas que te hacen pensar que gusta de ti y ¡boom! que todas tus ilusiones caigan como la economía mundial.
Desgracia Nº4: Estar tan ebrio como para...
Lamer a tus amigos en penitencias de juegos rebuscados, maullar como gato sobre un charco de orine de perro, y gritar en la ventana: "¡Soy marico y me gusta que me den duro por el culo!", en el momento no es malo, lo es al día siguiente cuando todos empiezan a joderte con eso. Por cierto, eso no me pasó a mí, le pasó a un amigo.
Desgracia N3: ¡No saber qué decir y quedarme mudo!
Esto en cualquier situación, ante una confesión de cualquier índole, ante un público que espera escucharte decir algo, ¡cuando alguien cercano a alguien cercano a uno fallece! esta definitivamente es la peor y más común según creo yo. También aplica cuando las personas esperan mucho de uno, y, simplemente la cagamos o no hacemos nada, que equivaldría a lo mismo en dado caso. Esto, por supuesto, me ha pasado innumerables veces, por eso está en un puesto tan alto.
Desgracia Nº2: Aguantar frío como un esclavo en invierno.
No quiero dar muchos detalles de esto, me ha pasado dos veces por diferentes motivos, y es el peor castigo que puede sufrir un ser humano.
Uno, el primero, fue esperando a alguien en el Ávila, los que no sepan qué es, googléen, me da pereza escribirlo. Aguanté horas ¡HORAS! de frío, creo que fueron 6 o 7, quizás más; se suponía que iba a ver a una buena amiga actuar en la mañana y luego tomaríamos un café o algo en la tarde, llegué más temprano que puntual y esperé, esperé, y esperé hasta que se hizo medio día, apenas tenía noticias de mi "cita" y seguía aguantando frío como un oso polar, ansioso por verla. Finalmente la vi actuar, pero lo que se suponía pasaría después no ocurrió, vino a mí después de insistir como loco y sólo dijo: "Gracias por venir, pero debo irme". ¡No me jodas! ¿De qué sirvió la espera, el frió, las colas, el madrugonazo? Así me sentí en ese instante, pero con mi mejor cara de buena persona sólo asentí y procedí a retirarme y no fue sino hasta las 8 que pude bajar de la montaña, ahora que lo pienso, fueron casi 12 horas. Hoy en día conozco lo que sucedió, y, aunque sigo manchado con ese recuerdo, lo llevo de mejor manera.
El otro fue en mis navidades del año pasado, fueron unas buenas vacaciones en Mérida-Venezuela, en la que conocí sitios increíbles y algunas chicas hermosas. Pero no todo fue color de rosa, el último día, ya no podíamos quedarnos en la posada donde estábamos durmiendo, porque el plazo era hasta el 2 de enero, pero nos quedamos un día más y ya las habitaciones estaban reservadas para otra familia ese día. Mi madre, me dijo que había encontrado un hotel para pasar la última noche, y pasé el día con ese noble pensamiento, al caer la noche, y regresar de un tour por la ciudad, descubrí que dormiríamos en la terminal, ¡tremendo hotel nos esperaba! ¡fui engañado por mi propia madre! No pude dormir por la incomodidad, y al caer la mañana, todo el frío que había acumulado, comenzó a salir de mi cuerpo haciéndome sentir como en alguno de los polos.
Ahora sí, bambalinas por favor... tatata tatatata tatatata ok ya.
Desgracia Nº1: Querer cagar y no tener donde.
Esto es ridículo, pero es lo peor que me ha pasado, al baño le estaban cambiando la porcelana, el inodoro y también se estaba construyendo un baño nuevo. Se supone que la agonía duraría un soportable día, pero llegó el día siguiente, y los obreros no se presentaron por la lluvia, yo ya tenía ganas de cagar el día en que comenzaron, pero era algo aguantable, el segundo día comenzó mi apocalipsis intestinal, tenía una ganas inimaginables de ir al baño, como nunca antes, pero aún así aguanté. El tercer día era el fin del mundo, sentía que en cualquier paso que diera algo iba a salir de mi ano, que cualquier pequeña flatulencia me vendría con un regalo más indeseado que las medias que nos regala la abuela en navidad.
Te preguntarás: "¿Por qué no fue a un centro comercial?", "¿Por qué no le pidió el baño al vecino?", y hasta:
"¿Por qué no lo hace en la naturaleza?".
La respuesta es extremadamente sencilla. ¡¡NO PIENSO CAGAR EN NINGÚN OTRO LUGAR QUE NO SEA MI POCETA!! Ese es mi orgullo de macho cavernícola, aunque creo que ellos lo hubiesen hecho en cualquier lugar sin importarles nada, ¡Pero no puedo!, mis nalgas están amoldadas para la poceta en la que me he sentado por 20 años, es una historia de amor incluso mejor que crepúsculo. ¿Sentarme en la de un C.C y correr el riesgo de contraer alguna infección? Gracias, pero no gracias, prefiero hacerme encima mil veces.
Y esas fueron las 5 peores situaciones de mi vida, ojalá les haya hecho reír mi desgracia.
Si gustan, dejen en los comentarios algunas malas situaciones... para que yo también me pueda reír de ustedes :D
Nos vemos.

Jajajaja si me reí bastante. XD
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