martes, 12 de noviembre de 2013

El monstruo debajo de mi cama

Entro tiritando de la mano de mi madre a mi habitación, atemorizado, él me susurró que vendría esta noche a por mí. No quiero entrar. No quiero ir con el monstruo malvado. Con la sonrisa de una madre incrédula que piensa que los monstruos de su hijo son producto de una alocada imaginación, la mía me acuesta y me acobija, en vano, pues a él no le importará cuántas cobijas me cubran cuando venga por mí, y me da un beso de buenas noches.
Por favor vuelve, mami, no te vayas, por favor no te vayas.
Se separa de mí y va a apagar la luz. Cierra la puerta por completo sin darme siquiera un último vistazo, dejándome a oscuras en esta habitación maldita. Perdón mamá, sé que no debo decir malas palabras, pero así calificó él a mi cuarto. Ahora todo está oscuro, todo está listo para que la bestia que habita debajo de mi cama salga y me observe con sus enormes ojos rojos brillantes. Eso es lo único que he visto de él: Sus ansiosos ojos color sangre.
El aire comienza a sentirse más frío, el miedo que tengo hace más fría la recámara. Tal es mi miedo que los dibujos de mi madre que hice y que están en la pared, han huido de las pálidas hojas de papel para esconderse de él.
¡Llévenme con ustedes, no me dejen aquí con el monstruo! ¡Mami!
Estoy solo. Mi respiración inevitablemente se agita, mi corazón late al violento ritmo del temor infundado por una existencia diabólica.
Diosito, protégeme, por favor cuídame de todo mal.
Me cubro hasta la cabeza con la sábana y me encojo inútilmente, esperando que un milagro ocurra y el monstruo no me vea, aunque mis esperanzas no son muchas, sé que me verá, siempre lo hace, a donde quiera que vaya él me ve, siempre. Percibirá mis jadeos, sentirá mi cama vibrar y me arrebatará la sábana, como lo hizo la vez que lo miré a los ojos, esos siniestros ojos luminosos y malvados.
Niño Jesús, cuídame, ampárame a mí, que llevo tu mismo nombre.
La cama se agita ferozmente, no por mí, no, es él; él hace mover la cama así para espantar cualquier rastro de sueño, para asegurarse de que esté despierto cuando logre salir. Siempre estoy despierto. No puedo dormir las noches que él viene, ni la noche siguiente, ni la siguiente. No he podido dormir desde la primera visita, como las llama él.
Le escucho arrastrarse por debajo de mi cama, sus grandes manos se asoman. Está saliendo.
Crack, Crack.
Está clavando sus enormes garras en el suelo y repta.
Mami, estoy asustado, ven.
Ojos. Esos ojos rojos iluminan mi cuarto. Todo es rojo ahora.
Crack, Crack.  
La luz que despiden sus órbitas me apuntan anhelando verme.
Ya salió.
El hedor que emana de su boca me envuelve y me brinda el calor de la muerte. Una de sus garras se pasea por mi cuerpo sobre la sábana. Lo disfruta, le gusta asustarme, le gusta tocarme, le gusta hacerme temblar con su presencia. Toma la cobija súbitamente y me descubre halándola y posándola sobre sus hombros peludos como una capa. Me encojo tanto como puedo, no lo quiero ver, pero lo hago, abro mis ojos, su malévola sonrisa me esperaba. Su cuerpo está muy cerca de mí, más que nunca, más que la primera vez que me tocó, más que la primera vez que me susurró. Sus labios partidos y gruesos están humedecidos. ¡No, por favor!
¡Mami, créeme, él existe y está aquí! ¡Ven por favor!
Saborea cada centímetro de mi cadavérica piel con su filosa y delgada lengua. No puedo moverme.
Sus horrendas fauces se abren por completo, descubriendo su garganta preparada. Suelta un ululante alarido de victoria y me toma del pie con su lengua.
¡No lo hagas!

¡Mami!

domingo, 7 de abril de 2013

Un sueño

El pasillo donde me encontraba era largo, con suelo de cerámica blanca y paredes azul eléctrico, adornados de miles de cuadros abstractos, algunos rodeando las cinco puertas que tenía para elegir. Decidí ir por la quinta, la color mierda, la que se encontraba al final del pasillo. Atraído por su manija con forma de ala y su marco dorado, me dirigí hacia ella, tropezando con un erizo transparente, clavándome sus agujas invisibles en el pie. La enfermera de los Animaniacs apareció para atender mi herida, colocándose unos lentes especiales con cristales en espiral que le permitirían ver las agujas. Removió cada una de ellas lentamente, mientras yo sólo observaba su sus pechos a través del gran escote que tenía para esta ocasión. Finalmente, después de hacer lo suyo, desapareció con un guiño seductor y una mordida de sus labios provocativos. 

Al cruzar la puerta, no me encontré con nada más que una manada de elefantes rosados convulsionando al son de una canción de Skrillex, mientras cuatro jirafas tenían un partido de poker, apostando porros de marihuana, sorbiendo sangría con un pitillo tan extenso como su cuello. También se podía divisar, casi al fondo de la enorme habitación, un zorrillo azul encargado de aromatizar —con fragancias frescas salidas de su trasero— cada cierto tiempo el lugar, evitando que el olor de las drogas, el sudor y las flatulencias de los paquidermos lo contaminasen.

En la esquina más oscura, bajo unas escaleras que llevaban a quién sabe qué lugar, donde no parecía llegar ni un decibelio de todo el ruido que había, se encontraba un gato siamés ensimismado, más bien triste por alguna razón, intenté acercarme, pero éste me despreció taladrándome con la mirada, dejando un gran hueco entre mis ojos. Luego, me invitó a un trago de Cointreau mezclado con naranja, negándoselo con un gesto de mi mano temblorosa.

A continuación, una mujer desnuda, con cabeza de tigre me invitó a bailar jalando mi antebrazo, no niego que su cuerpo de humana estaba perfectamente esculpido, hasta provocó una erección, haciendo a mi miembro tan grande que incluso los elefantes se sentían celosos. Ella, por otro lado, se sintió atraída, invitándome esta vez a salir del club para copular, pero justo en ese momento un minotauro ebrio —quien parecía tener algo con ella— se acercó, sometiéndola de una cachetada, gritándole maldiciones y catalogándola de puta; no tuvo más opción que irse de allí, volteando hacia mí con una mirada que pedía disculpas.

Subí por las escaleras que se encontraban sobre el siamés, al llegar arriba del todo, me situé en una pradera similar al famoso fondo de pantalla de Windows. Virando mi cabeza, lo primero que pude observar fue a un oso gris teniendo sexo con una armadura medieval sobre las ramas de un árbol que parecía disfrutar ser el espectador de tan singular acontecimiento. Pasmado, no logré mover un dedo hasta que un conejo amarillo jaló de mi pantalón, me hizo señas con sus patas delanteras para que me agachase, quería decirme algo al oído, pero en cuanto me acerqué a su hocico, éste se transformó en un enorme dragón occidental de escamas moradas, cuernos de espiral que salían de los laterales de su enorme cabeza, garras grandes y afiladas, y una mirada carmesí que reflejaba más sed de sangre que odio. Yo, por mi parte salí volando con las alas de cera que me crecieron en ese instante, traté de huir de él tan rápido como pude; él me siguió, escupiendo fuego para derretir mis alas, y lo logró; caí estrepitosamente en el suelo dejando parte de mi piel en la hierba baja. El conejo (o dragón, como lo veía ahora) aterrizó lentamente cerca de mí, me olisqueó y luego saboreó su hocico con su lengua filosa, estaba decidido a comerme. Cuando mostró sus descomunales colmillos en una sonrisa maliciosa que indicaba mi fin, un topo verde salió desde abajo de la tierra golpeando al dragón en su mandíbula, me hizo señas para que saliera corriendo y así lo hice, me levanté como pude y corrí lo que me parecieron horas, sin mirar atrás, sin ver cómo el noble topo se sacrificaba por mi bien.

Seguí corriendo hasta llegar a una puerta, intenté abrirla en lo que pareció ser un intento inútil, ya que se encontraba completamente bajo llave, miré a los lados y vi a otro árbol, éste tenía un panal de... ¡Llaves! Llaves con alas como las de Harry Potter, lancé una bola de fuego al panal y todas ellas salieron despavoridas de allí, al verme no dudaron ni un segundo en atacarme. Mientras era picado por todas, trataba de ver cuál era la que estaba buscando, todas las que me agredían se veían antiguas, y la que necesitaba debía ser una llave de esta generación, finalmente pude divisar una llave bebé atemorizada cerca del panal en llamas. ¡Bingo! Esa parecía ser la que necesitaba, así que usé mi telepatía recién nacida y atraje hacia mí a la pequeña llave, abrí la puerta tratando de huir de las llaves más viejas —que ya estaban abriendo grandes agujeros en mi piel— pudiendo lograr, al fin, huir de todo aquello... apareciendo nuevamente en el pasillo en el que estaba al principio.

jueves, 14 de marzo de 2013

La camisa maldita


Hace unos pocos días, el martes de esta semana, luego de mi jornada laboral, en el trabajo se hizo una premiación a los ejecutivos con mayor desempeño; en los cuales, obviamente estaba yo con mi sorpresivo 100% en calidad (el único en mi departamento, cabe destacar) y otras dos compañeras con 96 y 92% en calidad respectivamente. Luego de una pequeña, y tediosa charla diciendo que teníamos que mejorar, y ayudar a mejorar a nuestros compañeros para que cada vez fuéramos más los que estuviésemos siendo “premiados”, nos hicieron pasar a cada uno de los convocados para tomar un papelito de una gorra que se encontraba en la mano de una hermosa supervisora, la jefa de todos nosotros. 
Los premios eran: Bolsitos de comida, gorras, koalas (no los animales, no sean pendejos), camisas y un codiciado bolso grande tipo escolar, además de un reconocimiento similar a un diploma. Fueron llamándonos uno a uno para tomar el papel, hasta llegar yo, fui el quito o sexto de unas 15 personas. Confiado en mi suerte, tomé el papel pensando en ese gran morral, cuando lo tomé y lo vi, me decepcioné dramáticamente, me había ganado un bolsito de comida, cosa que nunca usaría ya que rara vez como en el trabajo. 

Al sentarme, una chica de otro departamento me dijo en broma que quería cambiar mi premio por el suyo, una camisa; con un gesto indiferente acepté la propuesta y ella sorprendida hizo el cambio, pues me es más útil una camisa que un bolsito de comida.

Al salir de mi trabajo, con mi camisa nueva metida en mi morral de siempre,  me dirijo a mi casa, y, a mitad de camino, recorriendo la transferencia de la línea 1 hacia la línea 2 del metro de Caracas, me entero de que en la estación La paz, ocurrió algún tipo de accidente que retrasó por completo el sistema, sólo tenía dos opciones: Esperar 2 horas a que se resolviera el problema, o salir y tomar una camioneta. La opción que debía tomar era obvia: Salir y tomar un transporte alternativo. 

Un poco perdido, caminé por todo El silencio, buscando el lugar por donde pasan las camionetas que se dirigen hacía Caricuao, mi hogar; luego de unos 15 minutos de hacer memoria y caminar como pendejo, encontré dicho lugar, pero para mi desgracia, todas, TODAS las camionetas que pasaban por allí, que iban a Caricuao (que además son escasas), estaban completamente llenas, ¡llenas! Así: 



Luego, retrocedí a pie una estación, a La hoyada, para tomar los mismos transportes con la esperanza de encontrar uno más vacío, pero no, llegaban igual de llenos, esperé tal vez una hora completa y nada, así que seguí retrocediendo estaciones y llegué a Parque Carabobo. Allí, al fin pude montarme en una camioneta que no estaba vacía, pero al menos cabía en ella. Tres horas después, sí, tres malditas e infernales horas aguantando calor, sofocado por el cuerpo sudoroso de las otras personas que me apretaban como sardina enlatada, ya a eso 7:30 pm, pude llegar a mi casa, cansado, con hambre, sueño. Me enteré que el AC Milán (mi segundo equipo favorito) perdió 4-0 contra el Farça, una remontada memorable, debo admitir, pero aplastante sin lugar a dudas, mi día no terminó nada bien. 

La mañana siguiente, me puse la camisa, sólo por exhibición, pues ninguno de mis compañeros supo que me la había ganado ya que cuando me la dieron ellos ya se había n ido a sus hogares. Bien, la mañana siguiente, me dispuse a salir a ganarme el pan de cada día, cuando yo iba en la estación del metro La hoyada, un imbécil se lanzó a los rieles en Bellas artes, siendo suicidado por el tren que pasaba por la estación, provocando un retraso tan grande, o mayor al que había el día anterior en la línea 2. Para no llegar tarde a mi trabajo, salí a buscar una camioneta que llegara hasta mi trabajo, pasaron 3 camionetas, pero todas las vi cuando ya era demasiado tarde, era por mi mala ubicación, me encontraba en la cuadra después del semáforo, obviamente en ese punto todas las camionetas estaban acumuladas y las que no servían ocultaban a las que sí; por ello, tuve que pararme debajo del semáforo para tener un poco más de suerte, y finalmente pude montarme en una luego de usar un poquito mi cerebro aún dormido. 

Por supuesto, llegué tarde a mi labor, había un tráfico típico de Caracas a las 6:00 a.m. y fue una jornada digna de un negro esclavo, un día terrible, obviamente salí tarde del trabajo y por ende, llegué más tarde a mi casa, aunque no tan tarde como el día anterior. Para finalizar, mi abuela me llamó para que le ayudara a cargar las bolsas del mercado que eran un tanto pesadas, luego me indicó que entráramos en el FarmAhorro del centro comercial que se encuentra a la salida de la estación Zoológico, para comprar cosas… cosas que terminé pagando yo.

Y hoy, para rematar, bloqueé mi tarjeta de en el cajero porque no me aceptaba la puta clave, si las semanas tuvieran un nombre, el de esta sería: “Alfonso y la camisa maldita”, o “Alfonso y la semana desastrosa”. Todo esto ocurrió, como ya deben saber, por culpa de esta camisa embrujada. 


¿Qué me esperará el día de mañana?


martes, 8 de enero de 2013

Las peores desgracias de mi corta vida

Sé muy bien he dicho que no me gustaba publicar cosas personales, pero como habrán leído, este post se trata de eso... aunque tendrá un toque humorístico, o tanto como me sea posible transmitir en este Top 5 (es poco, lo sé, pero tengo sólo 20 años y no he vivido mucho).

Desgracia Nº5: Recibir un "Te quiero como a un hermano" después de una confesión.
Si hay algo mucho peor que la Frienzone, es la Brotherzone, de esta JAMÁS en tu miserable existencia podrás salir, a menos que ella esté muy ebria y tú muy cachondo, y tal vez, si no se despierta con guturales gritos de espanto, o lágrimas de arrepentimiento, lleguen a tener algo luego de una fogosa noche. El caso es que jode demasiado estar ilusionado cual quinceañero ingenuo, promiscuo e inocente, tomes todo el valor que tus pequeño pantaloncitos de liceo te dejen cargar, te confieses a alguien que siempre te ha demostrado cosas que te hacen pensar que gusta de ti y ¡boom! que todas tus ilusiones caigan como la economía mundial.

Desgracia Nº4: Estar tan ebrio como para...
Lamer a tus amigos en penitencias de juegos rebuscados, maullar como gato sobre un charco de orine de perro, y gritar en la ventana: "¡Soy marico y me gusta que me den duro por el culo!", en el momento no es malo, lo es al día siguiente cuando todos empiezan a joderte con eso. Por cierto, eso no me pasó a mí, le pasó a un amigo.



Desgracia N3: ¡No saber qué decir y quedarme mudo! 
Esto en cualquier situación, ante una confesión de cualquier índole, ante un público que espera escucharte decir algo, ¡cuando alguien cercano a alguien cercano a uno fallece! esta definitivamente es la peor y más común según creo yo. También aplica cuando las personas esperan mucho de uno, y, simplemente la cagamos o no hacemos nada, que equivaldría a lo mismo en dado caso. Esto, por supuesto, me ha pasado innumerables veces, por eso está en un puesto tan alto.

Desgracia Nº2: Aguantar frío como un esclavo en invierno. 
No quiero dar muchos detalles de esto, me ha pasado dos veces por diferentes motivos, y es el peor castigo que puede sufrir un ser humano.
Uno, el primero, fue esperando a alguien en el Ávila, los que no sepan qué es, googléen, me da pereza escribirlo. Aguanté horas ¡HORAS! de frío, creo que fueron 6 o 7, quizás más; se suponía que iba a ver a una buena amiga actuar en la mañana y luego tomaríamos un café o algo en la tarde, llegué más temprano que puntual y esperé, esperé, y esperé hasta que se hizo medio día, apenas tenía noticias de mi "cita" y seguía aguantando frío como un oso polar, ansioso por verla. Finalmente la vi actuar, pero lo que se suponía pasaría después no ocurrió, vino a mí después de insistir como loco y sólo dijo: "Gracias por venir, pero debo irme". ¡No me jodas! ¿De qué sirvió la espera, el frió, las colas, el madrugonazo? Así me sentí en ese instante, pero con mi mejor cara de buena persona sólo asentí y procedí a retirarme y no fue sino hasta las 8 que pude bajar de la montaña, ahora que lo pienso, fueron casi 12 horas. Hoy en día conozco lo que sucedió, y, aunque sigo manchado con ese recuerdo, lo llevo de mejor manera.

El otro fue en mis navidades del año pasado, fueron unas buenas vacaciones en Mérida-Venezuela, en la que conocí sitios increíbles y algunas chicas hermosas. Pero no todo fue color de rosa, el último día, ya no podíamos quedarnos en la posada donde estábamos durmiendo, porque el plazo era hasta el 2 de enero, pero nos quedamos un día más y ya las habitaciones estaban reservadas para otra familia ese día. Mi madre, me dijo que había encontrado un hotel para pasar la última noche, y pasé el día con ese noble pensamiento, al caer la noche, y regresar de un tour por la ciudad, descubrí que dormiríamos en la terminal, ¡tremendo hotel nos esperaba! ¡fui engañado por mi propia madre! No pude dormir por la incomodidad, y al caer la mañana, todo el frío que había acumulado, comenzó a salir de mi cuerpo haciéndome sentir como en alguno de los polos.

Ahora sí, bambalinas por favor... tatata tatatata tatatata ok ya.

Desgracia Nº1: Querer cagar y no tener donde. 
Esto es ridículo, pero es lo peor que me ha pasado, al baño le estaban cambiando la porcelana, el inodoro y también se estaba construyendo un baño nuevo. Se supone que la agonía duraría un soportable día, pero llegó el día siguiente, y los obreros no se presentaron por la lluvia, yo ya tenía ganas de cagar el día en que comenzaron, pero era algo aguantable, el segundo día comenzó mi apocalipsis intestinal, tenía una ganas inimaginables de ir al baño, como nunca antes, pero aún así aguanté. El tercer día era el fin del mundo, sentía que en cualquier paso que diera algo iba a salir de mi ano, que cualquier pequeña flatulencia me vendría con un regalo más indeseado que las medias que nos regala la abuela en navidad.

Te preguntarás: "¿Por qué no fue a un centro comercial?", "¿Por qué no le pidió el baño al vecino?", y hasta:
"¿Por qué no lo hace en la naturaleza?".
La respuesta es extremadamente sencilla. ¡¡NO PIENSO CAGAR EN NINGÚN OTRO LUGAR QUE NO SEA MI POCETA!! Ese es mi orgullo de macho cavernícola, aunque creo que ellos lo hubiesen hecho en cualquier lugar sin importarles nada, ¡Pero no puedo!, mis nalgas están amoldadas para la poceta en la que me he sentado por 20 años, es una historia de amor incluso mejor que crepúsculo. ¿Sentarme en la de un C.C y correr el riesgo de contraer alguna infección? Gracias, pero no gracias, prefiero hacerme encima mil veces.

Y esas fueron las 5 peores situaciones de mi vida, ojalá les haya hecho reír mi desgracia.
Si gustan, dejen en los comentarios algunas malas situaciones... para que yo también me pueda reír de ustedes :D

Nos vemos.

miércoles, 2 de enero de 2013

Año nuevo



Bueno, ya empezó el 2013 y honestamente, no sé por qué hay tantas supersticiones sobre cómo recibir el año, "come doce uvas", "ponte ropa interior amarilla", "sal con las maletas", etc. Como si por salir con las maletas a la calle la madrugada del 1 denero, un boleto de avión con vuelo al lugar que más quieres visitar en el mundo fuera a caer en tus manos, me parecestúpido. Si quieres viajar, trabaja duro, ahorra dinero y ya, no hace falta hacer tantas cosas supersticiosas. 

Siempre, desde pequeño he tenido una duda: ¿Cómo diablos saben quel año termina en diciembre? ¿por qué no termina en julio, por ejemplo? O sea ¿quién decretó eso y por qué? ¿Dios le dijo a Noé mientras estaba en el arca limpiando mierda delefante el nombre y duración de cada mes y cuando terminaba el año? No me jodan, exijo una explicación.

También, es un día en el que hacemos más promesas que político en campaña, y al igual quellos, no las cumplimos... ¡Ni una sola! Apuesto ya hoy olvidaste las promesas que hiciste al iniciar el año. "Iré al gimnasio para rebajar", "conseguiré un excelente trabajo" y más. Deberíamos prometer cosas como: "Iré al gimnasio 3 semanas denero, luego dejaré de ir por flojera y engordaré 20 kilos", "me meteré en un montón de deudas" y "fracasaré tanto en mi vida laboral como en la amorosa", creo que así al menos cumpliríamos lo que prometemos. 

Y ni mencionar de nuevo las supersticiones.



Comer 12 uvas mientras dan las campanadas y pides deseos: No conozco a nadie que lo haya logrado por completo en el tiempo justo, yo lo he hecho alguna vez, antes de ser tan amargado y resentido, y mientras comía las uvas no podía pedir ningún deseo... ¡Me preocupaba más no tener que morir atragantado! Mierda; pero menos mal son uvas y no piñas porque... bueno, ustedes se imaginan. 

Tirar un vaso de agua a la calle: Supuestamente, con esto dejarás de llorar durante todo el año. Además destúpido, para los que vivimos que vivimos en edificios, simboliza una buena insultada de parte de los vecinos... después  del abrazo y la felicitación, claro. 

Cambio de prenda: Ya no se si las tradiciones son estúpidas o yo soy demasiado amargado como para entenderlas. Según, cambiar una prenda con tu pareja fortalecerá la relación... La tradición debería ser quitarles las prendas cada día del año, al menos así la gozarían más. 

Monedas: A ver, se dice que al tener 12 monedas de la misma cantidad, y lanzarlas al aire al momento de las campanadas tendrás prosperidad monetaria, además de unos chichones por si te llegan a caer las monedas en la cabeza.

Sentarse y pararse:  Hacer esto, nuevamente durante las campanadas te acerca al altar. Yo supongo que funciona, haces ejercicio empezando el año y, si eres mujer, algún hombre te verá las nalgas y te pedirá matrimonio nada más de ver como lo bates. 

Barrer: Sí, así es, barres desde adentro hacia afuera de tu casa durante las campanadas y todas las malas vibras serán expulsadas por arte de magia. ¡Más trabajo para el conserje! Bonito primero denero para esos seres infravalorados. 

Quemar un papel dondestén escritos las cosas que no quieres para este año, beber vino, tener ropa blanca, ropa nueva, la ropa interior amarilla y pasearte con tus maletas son algunas de las tantas estupideces... perdón, tradiciones que debemos hacer durante las campanadas para ser felices.

Ahora mi pregunta... ¡¿Cómo coño vamos a hacer todo eso al mismo tiempo?! ¡Por si sólo, las uvas nos toman todas las campanadas y aún así no podemos comerlas todas! Ah, creo que podemos hacer un gran grupo, nos atamos con una cuerda roja (porque yo quiero que sea roja) y que cada uno de los miembros de la familia haga una tarea diferente, entonces, gracias a los poderes maravillosos de la cuerda roja, todos veremos las consecuencias del ritual que hizo el otro... ¡Ya hice mi propia tradición! ¡Soy tan feliz! No me jodan con esa basura, ya me hizo molestar esto... Feliz ano... digo, año.